Las olas mojan mis pies mientras se hunden en la arena, cada vez un poco más. Veo como cerca de las boyas alguien nada, brazada tras brazada.
Al pasear por la orilla, dos niños pequeños corren hacia al agua y me salpican, nos reímos, avanzan mientras el agua les impide correr hasta que empiezan a nadar, mientras ríen y juegan.
Huelo la salitre en mi piel, mientras, ya sentada en la roca la brisa me trae pequeñas gotas de mar, justo antes lanzarme a bucear.
Asciendo y por fin me dejó flotar, cierro los ojos mientras el agua amortigua los sonidos, las risas y voces alegres de los que juegan, las conversaciones de los grupos que están cerca de la orilla, el chapoteo que hacen los demás cuando saltan al agua.
Flotar y flotar.

Abro los ojos despacio, justo cuando las gatas saltan sobre la cama, las acaricio y sonrío mientras me despido de aquella pequeña alegre, que flota y flota, serena y segura.
Ha amanecido.
