Fijamente les observo, con la distancia natural de la sorpresa, irremediablemente me detengo embobada en medio de la acera. Nos separan unos cincuenta metros y medio, pero siento que de alguna manera formo parte de sus pasos, sus giros y casi, casi, de su alegrÃa. Algún que otro peatón distraÃdo con su dispositivo electrónico al …
