Las Cajas de Secretos

Muchos de nosotros nos encontramos con esas cajas de secretos, esas que escondidas en la memoria de alguien, quizás en el discurso de un pasado que se abre paso hasta ti, quizá en el doble fondo de un armario, acomodadas entre un manto de polvo, quizá con un apunte que dice “cosas mías”.

Una vez en nuestras manos dudamos qué hacer con ellas, ¿la abrimos, la tiramos al fuego del pasado, las volvemos a dejar en ese lugar donde las encontramos para intentar olvidar que están ahí?

Todo es válido, por supuesto no vienen con un manual de procedimientos y el libre albedrío nos permite decidir, pero justo entonces pasas por diferentes momentos, las dejas estar, al fin y al cabo pone “cosas mías”, es decir suyas, pero coño para que las ha dejado ahí con esa anotación manuscrita -casi una advertencia- a la espera de que alguien la abra. 

Lo hice, descubrí que casi nada eran “cosas suyas”,

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