Me encuentro a cuatrocientos treinta y nueve kilómetros de tÃ, si es el primer viaje que hago sin tÃ. A ratos la bella naturaleza me sacude de un modo dulce y cuidadoso, pero no puedo decir que no te eché de menos, sà lo hice.
He pasado por paisajes que siempre te han encantado. HabrÃas disfrutado de estos paseos. Hemos pasado de los colores de otoño, rojos, verdes, ocres, hemos oÃdo el rio bajar con su sonido mágico y calmante, pero no puedo decir que no te eché de menos, sà lo hice.
Hemos subido por las hoces hasta toparnos con la carretera cerrada por la nieve, blanca, deslumbrante, la he pisado, he sentido que se henchÃan los pulmones y la cabeza de nuevas sensaciones, pero no puedo decir que no te eché de menos, sà lo hice.
Me he asombrado de un modo casi infantil al toparme con un cascada, me reà y disfrute como una niña chica, con la TÃa me hice una foto, pero no puedo decir que no te eché de menos, sà lo hice.
Recorrà el sendero de un rÃo, imagino que tendrá un nombre no lo sé, abracé un árbol por ti, lloré y caminé pero no puedo decir que no te eché de menos, sà lo hice, maldije el tiempo perdido, lamenté las horas perdidas en algún lugar o por algún motivo, quise gritar tu nombre, pero el intento enmudeció en mi garganta mientras el corazón golpeaba feroz en mi pecho y me recordaba lo mucho que te echo de menos, te echo de menos siempre, no por estar a cuatrocientos kilómetros, incluso a un centÃmetro de ti, te echo de menos.
Odio esta enfermedad que me nos ha dejado solas, con futuros quebrados, pero amo cada momento que compartimos, cada abrazo compartido en nuestro tálamo ya desaparecido para siempre, salvo en mi recuerdo.




Joaquina… ¡Qué jodida barbaridad! Y qué bien nos la cuentas. Gracias por tenerla con nosotros.
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Gracias por leernos, al fin y al cabo, algo de ella está siempre en mi.
Abrazos!!
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