Girar la llave

Me descubro sentada al borde la cama, apenas estrenado el día. Observo mis manos vacías, con la huella del tiempo, alguna cicatriz, muy diferentes de aquellas de hace más de una veintena. Me sonríe tu boca desde algún rincón del pasado, me sonrío.

Las gatas me urgen a ponerles la comida, abrir la terraza, ronronean y me miran. Se restriegan con cada mueble, creo que sospechan que pronto nos iremos.

Un café solo y tostadas, sin querer pensar. Música en el salón, intento transitar este día.

La gatas me empujan, mientras cierro los ojos e intento retener el mar, pero el hielo glacial resbala desde la barbilla y moja su pelaje, juntas intentan abrigar mi frio.

Frida y Kahla

Tendré que ahuecar el pecho, y dejar que el mar helado me acompañe, durante un tiempo, que llene mis manos embrutecidas por la rabia de tu ausencia, hasta que logre aquietar lo viejo y pueda retomar lo nuevo.

Han pasado unas horas, pero sigo paralizada por la pérdida, no es nueva sólo que ahora me golpea desde algún lugar del pasado y me recuerda que camino sola.

Voy a girar la llave, girar el pasado para llegar al presente. Correré y te susurraré como es el nuevo hogar. El olor de sus calles. Como son las paredes y como lo habitan las gatas. Lloraré en tu hombro y, afortunadamente, me cobijaré en tu abrazo.

3 respuestas a «Girar la llave»

  1. Literatura en estado puro, soledad en estado puro, resignación en estado puro. Arte. Dolor y arte. ¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe cuando me siento solo y te siento lejana?

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