Acaricio el paso de tus venas que parecen inflamadas pero no lo están, solo están desnudas.
Dejo que mi mente vagabundee hasta el Faro de Corrubedo, la playa Boca do Río y sonrío, ignorantes de lo que llegaría.
Acaricio tu mejilla y siento que la piel suave y cálida es la de siempre, pero más fina que nunca.
Tomo tu mano en la mía, y mis dedos juguetean paseando de puntillas por tu piel, con sus ríos menos ocultos y más latentes que nunca.

Me alejo y observo como sonríes y mientras tus gestos regalan alegría, te levantas y me abrazas.
Me das besos suaves y tranquilos.
Vamos susurras, y me llevas de vuelta, a la segunda planta norte.

Qué dulzura. Me ha encantado.
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Gracias
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