Te he visto gesticular mientras dormías, con los gestos de siempre. Imaginar tu voz, mientras alzas las cejas mueves tu manos queriendo alcanzar algo, es inevitable. Me he preguntado si yo sigo en tus sueños, ojalá, da tanto consuelo soñarnos.
Ojalá en ellos, cuando nos vemos, pueda contarte que he visto una fotografía del ojo de una ballena que su mirada derramaba paz, dulzura y de algún modo no he podido evitar pensar en galaxias, ni en lo que dirías al ver esa imagen y ni en tu susurro sobre lo poco que sabemos, mientras tu fascinación crecería más.

Si nos encontramos, no querría contarte que el mundo se ha vuelto loco, que los palestinos están siendo exterminados, que existe un conflicto en Iran en el que han asesinado a más de cien niñas mientras estaban en la escuela.
Te mereces cosas bonitas, volver a hablar de tus árboles. Estoy viendo un documental que te volvería loca, en el cuentan como los árboles se comunican incluso a cientos de kilómetros. Y si tuviera suerte, quizá me dirías qué árbol soy yo para tí ahora ¿seguiría siendo olivo?
Te escribo mientras cruzo los dedos para que la fiebre se marche, la analítica mejore y podamos salir del hospital, pero seguirás en mis sueños y te prometo colarme en los tuyos.
